
No busco pertenecer sino orientación hacia la entelequia.
La soledad no me asusta. Me afila.
Conectado y desapegado.
Camino solo, pero no perdido.
Me guía la congruencia interna y la memoria de la sangre.
La tecnología no me deslumbra. Ninguna herramienta será altar.
La espiritualidad no me anestesia, es vigilia, nunca refugio.
El conocimiento sin práctica es lastre.
Toco la realidad con precisión: mente clara, cuerpo despierto.
No predico. No corrijo. No convenzo.
Hago lo que soy.
El mundo está enfermo de exceso.
Mi forma de estar es una forma de cortar.
Ritual sin teatro. Saber sin espectáculo. Presencia sin demanda.
No necesito ser visto.
Necesito mantenerme real.
Observo más de lo que opino.
No enseño. Hago. Y quien entiende, ve.
Atento pero no alerta.
No negocio mi centro.
La disciplina no es castigo. Es silencio sostenido.
En el silencio, escucho el pulso del origen.
Cuando no sé, escucho. Cuando sé, no interrumpo.
Mientras no sea nadie, lo seré todo.
Me encontrarás yendo al Norte.
MISIÓN: Detonar la memoria, habitar la ruina y despertar a la estirpe del fin de ciclo.
